Amor por mis colores: El pasillo


Desde muy chiquita, allá en mis primeros años, hasta los días de hoy en los cuáles veo crecer a mi nieta, muchas cosas han cambiado, y es lógico. Con el paso del tiempo muchas cosas cambian, mutan y en algunos casos, hasta dejen de estar. Sin embargo hay tantas otras que perduran, y es acá donde ubico lo que me apasiona. A través de los años y las vivencias, los gustos varían, pero la pasión… la pasión es distinta, se impregna cada vez más. La primera baldosa del largo pasillo de mi casa, en realidad de mi vieja casa de Caballito, era el inicio de las carreras con las que desafiaba a la caída, resbalando una y otra vez con mis zapatitos nuevos de suela hasta que llegaba a la puerta. Esas carreras desde esa primera baldosa hasta el picaporte, tenían una característica especial, y es que siempre la pasión se hacía presente para pintar una sonrisa roja y blanca en mi rostro. Y lo lindo del recuerdo es que todos los días tenía ese instante de felicidad. Siempre permanecía expectante al diarero del barrio, para iniciar esa larga carrera roja y blanca. Es que con él venía la revista River a la cual mi tío Jorge, hincha fanático, estaba suscripto. Como él llegaba pasado el mediodía, todas las mañanas iniciaba mi corrida pasillesca para agarrar la revista, la cual se repetía a las dos y media de la tarde cuando él llegaba y se encontraba conmigo, mi sonrisa y la revista en mi mano. Era cuestión de entrar, tomar unos mates tempraneros y leer todas las notas, página por página. Viéndolo ahora, pienso qué paciencia la de mi tío, que tenía que leerme cada una de las notas que contenía la revista, pero lo disfrutábamos mucho, además el sillón de cuero donde nos sentábamos estaba algo gastado pero era bastante cómodo. Así, entre mates, me fui enterando de nombres como Artime, Carrizo, los hermanos Onega, y tantos otros más. Grandes jugadores que pasaron por la institución desplegando su buen fútbol.

Y esto sucedía todos los días, es decir, diariamente, la pasión por los colores millonarios se aparecía ante mí en esa recorrida de cada mañana. Y así es hasta hoy, con algunas diferencias claro está. Ya no corro a buscar la revista para mi tío, pero tampoco es necesario. La pasión está instalada en mí hace años., y no pudo cambiarlo ni un marido bostero, porque con los años, uno va cambiando de gustos, pero la pasión… la pasión no se cambia, por el contrario, se siente cada vez más.

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