Amor por mis colores: Tesoro

La tarde estaba nublada y fresca,la Lepra no jugaba, así que cambiamos el Parque por los juegos en casa. Tratando de revivir mis años de infancia, y descartando los juegos de mesa, propuse “La búsqueda del tesoro”, que debido al entusiasmo, supuse había sido bien aceptado. Nos dispusimos  entonces a buscar un objeto que oficiara de tesoro. Ellos trajeron algunos de sus juguetes, los más lindos o con los que más jugaban y ahí me di cuenta, ya sabía cuál iba a ser “el tesoro”. Abrí el ropero y bajé mi caja de recuerdos. Al sacarle la tapa escuché que Rodrigo, el más chiquito, me preguntaba el porqué de mi sonrisa. Lo miré en silencio y le dije que vaya a buscar rápido a su hermano. Mientras venían me miré al espejo y sí, estaba sonriendo… Es que son tantas historias, tantas cosas… Una vez sentados en la cama, les pedí que presten mucha atención porque les iba a contar la historia del “tesoro”.

Una tarde que iba a la cancha con mi viejo, ya de adolescente, paramos unas cuadras antes para comer algo. En el local entraba y salía gente constantemente y entre canciones, camisetas y algunas frases que se escuchaban, se vivían lindas cosas. Sin embargo, un brillo especial me llamaba la atención, en un rincón, bien radiante. Todos pasaban y parecían no notarlo. A mí me despertó bastante curiosidad así que me acerqué. Vi que era un escudito de Newell´s bañado en oro. El sol le pegaba de una forma que hacía que brille de forma intensa. Supuse que a alguien se le había caído pero ponerme a preguntar de quién podría ser, con el ir y venir de la gente, iba a ser tiempo perdido, así que simplemente lo agarré y me lo guardé en el bolsillo. Una vez adentro del estadio se lo mostré a mi viejo. “Mirá como brilla, ¡parece un tesoro! Nos va a traer buena suerte”, me acuerdo que me comentó entre risas, aunque con una seguridad impermeable en su rostro. Y no se había equivocado. Eran las épocas de Martino, Llop y Saldaña, sí, el “Larry” rosarino. Un equipazo. Decía que mi viejo no se había equivocado porque ese día la Lepra ganó 2-0 por lo que le adjudicamos un valor especial al escudo. Desde entonces y durante mucho tiempo, cada vez que hubo algún partido chivo, llevábamos nuestro tesoro. No era seguro, pero la mayoría de las veces, nos fue bien. Esa costumbre que habíamos adoptado se mantuvo hasta que mi viejo empezó a alentar desde arriba. Desde el día en que se fue, (y ahora que lo recuerdo y veo a mis hijos pienso cuánto tiempo pasó de eso) lo guardé en esta caja donde guardo las cosas u objetos que tienen un valor especial.

Como fue algo especial entre mi viejo y yo, creo que si esta tarde había que buscar un tesoro, ese escudo era lo que mejor lo iba a representar. La relación entre un padre y sus hijos, Newell´s y el disfrute de la vida. Al ver la sonrisa de mis hijos me di cuenta que, sin haber empezado el juego, ya había encontrado mi tesoro.

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